México atraviesa uno de los procesos de movilidad social más relevantes de las últimas décadas. Datos del Banco Mundial confirman un crecimiento sostenido de la clase media, acompañado de una reducción significativa de la pobreza.
Este comportamiento no es resultado del azar. Es consecuencia de un cambio en la forma de concebir la política económica y social del país, donde el bienestar dejó de ser un efecto secundario y se convirtió en un objetivo central.
Un modelo que impacta la vida cotidiana
El crecimiento de la clase media se refleja en mayor estabilidad económica para millones de hogares. Más familias tienen ingresos suficientes para cubrir necesidades básicas, planear gastos y acceder a derechos que antes eran inaccesibles.
Este avance está vinculado a decisiones públicas claras. Entre ellas destacan el fortalecimiento del salario mínimo, la inversión social directa y el impulso al mercado interno. Estas medidas permitieron que el crecimiento económico llegara a más sectores de la población.
Menos pobreza, más oportunidades
La reducción de la pobreza es uno de los indicadores más relevantes de este periodo. Menos personas dependen de ingresos precarios. Más hogares lograron superar condiciones de vulnerabilidad estructural.
El enfoque social priorizó apoyos sin intermediarios, acceso a pensiones, becas educativas y atención médica. Estas acciones generaron una red de protección que fortaleció la economía familiar y redujo desigualdades históricas.
Desarrollo con inclusión
El nuevo modelo económico se distingue por colocar a las personas en el centro. No se basa en privilegios ni en concentración de beneficios. Busca ampliar oportunidades y garantizar condiciones mínimas de bienestar.
Este enfoque permitió que el crecimiento de la clase media fuera sostenible. No se trató solo de aumentar ingresos, sino de construir mayor cohesión social y estabilidad a largo plazo.
Un cambio con efectos estructurales
El fortalecimiento de los sectores medios tiene impactos más amplios. Mejora el consumo interno, dinamiza la economía local y reduce la brecha social. También contribuye a una mayor participación ciudadana y a la estabilidad democrática.
Los datos confirman que cuando el crecimiento se acompaña de políticas de justicia social, los resultados se traducen en mejoras reales para la población.
México en una nueva etapa social
Los indicadores recientes colocan a México como un referente regional en movilidad social. El crecimiento de la clase media y la reducción de la pobreza muestran que es posible avanzar hacia un desarrollo más equitativo.
Este proceso sigue en marcha. Sus efectos ya son visibles en millones de hogares y apuntan a un modelo donde el crecimiento económico y el bienestar social avanzan juntos.

